domingo, 27 de mayo de 2001

Milan Sanremo 2001

Crónica 31ª edición de la Milán - San Remo 27 de Mayo de 2001

Este año había ganas de hacer una salida al extranjero a batirnos el cobre con los foráneos. La primera intentona fue el Tour de Flandes pero lo temprano de la fecha en la que se celebra aconsejaba el dejarlo vista la corta preparación que llevábamos en ese momento. Fue Abelardo el que nos puso en guardia para la próxima aventura: nada menos que una Milán - San Remo.

Nos pusimos en marcha el Viernes por la tarde, la expedición la componíamos dos vehículos con cinco "ciclolisteros" a bordo y dos conductores para que llevaran los vehículos a San Remo el día de la marcha, era la manera de ahorrarnos 600 kms de carretera y en vista de cómo llegamos de cansados el día de la prueba el haber tenido que volver a Milán en tren o autobús con las bicicletas hubiera significado un infierno.

El Sábado a media mañana llegamos al velódromo de Rozzano, situado en la periferia de Milán de donde se debía partir. Antes tendríamos que dar unas cuantas vueltas y haber tenido que recurrir finalmente a los carabinieri para encontrarlo. Una vez allí descubrimos que no era ya velódromo; había sido en sus buenos tiempos. La pista de ciclismo (el anillo) estaba en total estado de abandono y se había aprovechado el centro del anillo para hacer una pista de karts y minimotos.

Teníamos curiosidad por saber cuantos españoles nos encontraríamos. Pensábamos que algún catalán que le pilla más cerca Italia rondaría por allí pero resultó que éramos los únicos representantes españoles. La participación internacional era abundante sin embargo, había inscritos suizos, austriacos, franceses, holandeses, belgas y alemanes. Algunos de estos grupos eran muy numerosos y darían colorido al pelotón al día siguiente. Entre los no italianos abundaba la gente de mediana edad hacía arriba habiendo muchos casos tipo 'abuelo de Heidi',... para fiarte de ellos.

Después de una visita turística a Milán la tarde del Sábado llegamos al campamento base dispuestos a descansar. Al día siguiente la salida era a las 7:00 pero como había control de speed-pass teníamos que pasar por la célula a las 6:30. El caso es que había que madrugar bastante. Vale, ya estábamos en parrilla de salida. Allí teníamos a los italianos con sus pintas de profesionales y con sus enlucidas "machinas"; los tulipanes holandeses con sus timbres en las bicis; los panzers alemanes impresionantes, como siempre; los gallos franceses con su color azul característico; las locomotoras belgas que luego nos vendrían como anillo al dedo y entre ellos nosotros, los españolitos defendiendo nuestro pabellón. Alfredo lucía equipación del Kelme y era uno de los más admirados del pelotón. Vimos también como varios italianos llevaban maillots del Banesto (la larga sombra de Induráin todavía perdura).

La salida fue un poco renqueante ya que se debía pasar por el control del speed pass de nuevo. Una vez fuera del velódromo empezaron los arranques de furia y la consecuencia para algunos (bastantes) fue la de pinchar al cruzar demasiado deprisa las vías del tranvía. De todas formas y aunque parezca mentira éste era el sitio bueno para pinchar. Los kilómetros siguientes hasta que se salió de la ciudad de Milán fueron neutralizados y a tirones, con paradas incluso, por lo que estos pinchados pudieron reincorporarse sin dificultad.

Una vez en carretera abierta la estrategia estaba clara: guardar, guardar y guardar en algún grupo numeroso. En esas estábamos, se rodaba a buen ritmo porque la carretera, el gran pelotón e incluso el viento acompañaban. Era como un Sabiñánigo - Jaca de la QH y así tenía que ser hasta que llegara la montaña.... hasta que de pronto, maldición, un pinchazo de Alfredo. Era el peor momento porque ahora sí que no había una fácil recuperación de las distancias. En cinco minutos nos dio tiempo... a ver pasar a todo el mundo, era deprimente. Reanudamos la marcha y nos pusimos un ritmo de caza que a mí me ponía los pelos de punta. Faltaban 270 kms a meta.

Enseguida encontramos buena compañía, tres franceses del "Cerami" que estaban como nosotros. Entrábamos todos a los relevos e íbamos cazando grupos pero ninguno nos satisfacía de modo que seguíamos hacía adelante. De pronto llegaron tres italianos, estos si que daban unos relevos potentes que nos hacían perder la rueda del de delante por momentos. Era cuestión de aguantar un poco para que nos llevaran hasta un grupo bueno. Pronto nos dimos cuenta de que no participaban en la marcha, eran locales que circulaban por allí. El caso es que nos vino bien porque, aunque seguíamos pasando relevos todos y castigándonos por tanto, nos estábamos acercando a un gran grupo. Este era el objetivo.

Que placer cuando llegamos a cola de este grupo. Nos frotábamos las manos pensando en lo que íbamos a sestear en la sala de recuperación. Bueno, pues no llevábamos ni dos minutos cuando... ahhhrgg ¡doble maldición! , otro pinchazo de Alfredo. Un pequeño cristal se había incrustado en la cubierta y no lo habíamos visto. Esto ya era demasiado. Nos invadió el desánimo, ya no teníamos ganas ni de arreglar el pinchazo, nos quedamos un rato mirándonos, incrédulos por la situación. Volvió a pasar por allí toda la gente que habíamos adelantado con tanto esfuerzo. Estábamos en el km. 60/70 calculo y aquello era un desastre.

En fin, nos pusimos a arreglar el pinchazo y de pronto se paró un Nissan Vanette que en principio pensábamos que era de la organización. Una chica muy guapa nos pidió si le podíamos prestar la "pompeta". Como estábamos presa del desanimo le dijimos que sí, pensando que total ya nos daba igual el tiempo que perdiéramos. Le ayudamos a hinchar las ruedas de las bicis de paseo que llevaban ella y su marido. Entonces es cuando lo pensamos, nos prometimos que nunca lo diríamos pero...  Ahí va, le propusimos que nos llevara con la furgoneta unos kms adelante y nos dijo: "va bene, va bene". Montamos rápidamente las bicis en el furgón y ¡caña! en 2 o 3 kms habíamos remontado al coche escoba y esto era suficiente para no quedarnos abandonados...tampoco quisimos avanzar más por vergüenza torera. Fue el empujón del auxiliar del equipo al profesional cuando le cambia la rueda... aplicado a nuestro caso. Nos habíamos situado en el grupo de los mochileros, gente que iba con espíritu tranquilo, con bolsas repletas de cosas, charlando entre ellos. Estábamos en un grupo de... ¡cicloturistas auténticos!. Aquí aprovechamos para descansar unos cuantos kms. A todo esto, no llevábamos agua y el avituallamiento estaba a años luz todavía. Mmmhh mala cosa, no soporto pasar sed en una marcha de este tipo. Así que cuando a lo lejos vimos un grupo de panzers alemanes repostando paramos y le dijimos: "agua, agua". Oye y lo entendieron, nos dieron una botella de litro y medio a cada uno que incorporamos directamente al depósito principal y luego nos llenaron además los bidones. No fue todo, un plátano por cabeza y pastelitos a destajo, ya sabéis como son los alemanes con las galguerías. Bueno, bueno, todo un lujo. "Danke, danke,..". Ahora ya era otra cosa.

Estábamos en Novi Ligure y seguíamos por carreteras eminentemente llanas y ya pronto, al llegar a Ovada, empezamos a ascender. Las carreteras eran deliciosas, poco tráfico, buen asfalto y muy buen ambiente de ciclismo, no ya por los participantes de la marcha sino por los ciclistas de la zona. En la ascensión al Bric Berton había tramos del 14/15 % de desnivel en el que muchos descabalgaban y hacían las rampas a pie. No era nuestro caso (somos españoles ¿no?)  y lo superamos con gallardía. Por esta zona abundaban los animadores, gentes del lugar que ofrecían duchas de agua fría a cubazo limpio. Alfredo tomó un par de ellas. En esta zona definitivamente me abandonaron los problemas en la pierna derecha que me preocupaban en los 70/80 primeros kms. Así que ahora iba muy bien todo.

Se hizo largo en tiempo el llegar a Moretti, lugar donde estaba situado el primer avituallamiento oficial, total 150 kms de nada. Bueno... no hay comparación, en España se come mejor, está claro. Aún así, yo comí fruta hasta hartarme y cargué los bolsillos de frutos secos como si de un hamster se tratara. Aún quedaba una segunda subida que era más tendida y más corta y a continuación una bajada larga por una carretera estrecha, muy arbolada y fresca. Yo disfruté mucho esta zona.

De pronto, ¡toma!, si estamos en la costa, el Mediterráneo al frente. Ante nosotros aparecía una playa con fina arena , sombrillas decolores, todo lleno de bañistas, una delicia vamos. Ahora es cuando apetecía aparcar la bicicleta y pegarse un bañete; en lugar de eso comentamos: "nada, que ya estamos en San Remo, sólo faltan ciento y pico, eso es un rato". El ambiente señorial de turismo rancio de principios de siglo es el que marca la tónica de los pueblos que vamos cruzando en nuestro camino: Savona, Spotorno, Pietra. El recorrido es otra vez llano. En una de estas localidades de costa hacemos una excursión por el centro del pueblo malguiados por un italiano macarroni que dice que íbamos bien, ¡será jeta!

Ahora es cuando llega el momento de coger un buen expreso, nada mejor que una locomotora belga. Nos dan alcance un grupo de unos ocho belgas que son auténticas máquinas, nos colocamos a rueda y a ellos parece no importarles nada. Un detalle singular era que cada vez que encontraban un semáforo en rojo paraban independientemente del tipo de cruce que se pasara. Creo que nos dieron una verdadera lección a nosotros mal acostumbrados aquí en España a saltarnos los semáforos por aquello de "no perder el ritmo" (a costa de perder algo peor). Los kms van pasando y ya las fuerzas van mermando, hemos superado el umbral de los 205 de QH. En uno de los repechos que había entre bahías el ritmo belga es demasiado fuerte y nos descolgamos. Enseguida llega otro avituallamiento y ya voy medio muerto. Alfredo va simplemente muerto. Aquí descubrimos por qué los belgas estaban tan atrás cuando en realidad marchaban como tiros: se hacen sus buenas paradas en los avituallamientos.

Estábamos situados ya en Capo Cervo, sólo quedan tres subidas. Tengo ya unas ganas tremendas de llegar a costa de lo que sea. En un repechón se queda Alfredo y sabiendo que ya queda poco decido seguir sólo. Ya no es cuestión de esperar o que te esperen. Igual que ya no es momento de seguir una u otra rueda. Vamos como podemos, todo son ciclistas sueltos, todo ritmo es individual, ya no hay ni dos ciclistas acompasados.

En las primeras rampas de la Cipressa me parece que es un categoría especial. Menos mal que luego se suaviza porque son 6 kms de subida y a estas alturas de etapa se hacen muy largos. Al bajar ya sólo queda el Poggio, lugar elegido por Merckx para dar la puntilla a sus víctimas. Es una carretera muy estrecha con poca pendiente y que sube hasta lo alto de una colina desde la que se ve San Remo. Estoy ascendiendo a la gloria y para celebrarlo llevo la sonrisa puesta. Cuando veo al fotógrafo al final de la cuesta me arreglo un poco y adopto una posición digna (dejando de dar chepazos por ejemplo) y ahora.... a disfrutar bajando.

Estoy entrando en San Remo y tengo un cosquilleo por dentro. Aunque no lo creáis cuando veo el último kilómetro anunciado, meto tranca me pongo en pie para coger velocidad y alcanzo los 40 km/h entrando a esa velocidad en la recta de meta. Una entrada digna. Así están las cabezas de mal.

El control de tiempo dice que he tardado 11h 45m. Hemos hecho muchas y algunas largas paradas. El tiempo efectivo de pedaleo ha sido de 10h 25m haciendo una bonita (para mí) media de 27.5 km/h en los casi 290 km.

De recuerdo nos han dado un maillot que ahora sí que nos lo podemos poner.

-. Nos lo hemos ganado a pulso .-


(Crónica publicada en su momento en la Ciclolista)

sábado, 12 de mayo de 2001

Sierras de Moratalla 2001

Conociendo a los calambres

El 12 de Mayo de 2001 era una de las fechas señaladas en el calendario. La V Marcha de Moratalla era el objetivo. Las sensaciones eran todas buenas, iba mejor preparado que el año pasado, con más kilómetros y de más calidad. La bicicleta también era mejor, con triple plato para abordar las duras rampas de Benizar sin excesivos problemas. Parecía que todo se presentaba de cara.

El día amaneció perfecto, despejado y con calor. La temperatura que hacía a primeras horas de la mañana señalaba que la vestimenta conveniente fuera de corto riguroso, cosa que sufrimos luego en nuestras carnes todavía no habituadas a los rigores de Lorenzo.

Mis problemas quizá empezaron por apurar más de lo debido. Tomé una hora de antelación pensando que me sobraría tiempo pero perdí mucho tiempo en la inscripción. Estaba desesperado viendo como pasaban los minutos y seguía en la cola. Cuando me dieron la bolsa con las cosas me quedaban 20/25 minutos. Empecé a cambiarme, a poner el dorsal mío, el de la bici, etc... el caso es que me presenté en la línea de salida totalmente en frío. En la salida busqué a los listeros "granainos" Fernando y Juan pero no los vi. Total, que sin más dan el pistoletazo de salida y allá que vamos. En parrilla de salida entre 500 y 600 suicidas de dos ruedas.

La salida de esta marcha es criminal, 12 kms de continua ascensión. Remontando posiciones encontré a Alfredo de Elda. Estuve un rato subiendo con él y diciéndole que no quería tirar más de la cuenta pero las sensaciones de las piernas eran excelentes e iba cómodo de manera que sin intención me fui hacía adelante remontando gente sin cesar. Era increíble la sensación de frescura que tenía y de buenas sensaciones. Al llegar arriba y empezar un ligero llano bajé un poco el pistón y dejé el grupo que llevaba al que consideré que estaba por encima de mis posibilidades. Esperé a otro numeroso que venía por detrás y me enganché a ellos.

Así fueron transcurriendo los kms, pasamos por el Pantano, subimos a Nerpio y llegaron los rampones del Alto de Yetas. Aquí ya metí el triple para encarar una larguísima recta que hay en subida y que se atraganta bastante. El Sol ya picaba y sobre esta recta en subida se apreciaba aún más. Subiendo este puerto alcanzó a Juan, un compañero del C.C.Moto5 que me dice que tiene problemas. Yo le comento que me encuentro muy bien. En esta subida veo a David (otro ciclolistero de Elda) y hago el último tramo de subida tras él. Al llegar arriba hay un avituallamiento sólido y paro. Cuando reanudo la marcha en un ligero repecho de pronto noto un calambre en la pierna izquierda. Empiezo a preocuparme porque todavía queda mucho por delante. Estamos en el km 70/80 todavía.

A partir de este momento ya empiezo a no disfrutar de la marcha y a plantearme si abandonar. Los problemas se repiten sin cesar en cada subida. Me tengo que limitar a llevar una continuidad exquisita en la cadencia y a mover desarrollos muy blandos. Gracias al triple plato puedo mantenerme encima de la bici en las rampas duras. Me voy marcando objetivos a corto plazo. Pienso, voy a llegar a Letur y allí me planteo si seguir, en Socovos igual y así. Pero me estimulaba la sensación de llegar a Moratalla subido en la bicicleta, no me gustaba la idea de subirme en un furgoneta. Además ya había muchos retirados e iban las furgonetas repletas de tigres.

Pues eso ocurrió, que hice al menos una docena de paradas para ir estirando el músculo afectado y de esa manera pude conseguir llegar a meta. Las pulsaciones eran de risa, iba como de paseo: entre 100 y 130 pulsaciones para que la pierna fuera sin esfuerzo. Al llegar a Moratalla tenía una sensación agridulce, contento por acabar pero triste por los problemas sufridos. Al final hice un tiempo superior al del año pasado, 7h30m cuando mis estimaciones estaban rondando algo menos de 7h.

¿Qué pasó? No se, quizás forcé más de la cuenta sin calentar convenientemente. Cierto es que parece que hubo mucha gente con calambres, hizo mucho calor, hubo mucha deshidratación y eso provoca problemas musculares. Bueno, el caso es que me hice daño en el músculo de la parte interior del muslo que hace subir la pierna hacía arriba.

Aparte de mis desgracias propias hay que resaltar que la organización ha sido buena. Salvo la tardanza de la inscripción todo estuvo muy bien organizado. Los avituallamientos eran completos, bien situados, el personal de la organización bien, la entrega de diplomas mejor que el año pasado, más ágil, la señalización de puertos y curvas correcta, etc... Las asistencias médicas desgraciadamente bien ya que tuvo que actuar un helicóptero para evacuar a un accidentado. Mal las duchas, frías. Bien la posibilidad de masaje, mal las colas que había aunque es cierto que había mucha gente demandando un masaje.

Bueno, la experiencia es un grado y el año que viene tendremos más sapiencia en estos menesteres. Esperemos que salga todo mejor, volver... volveré. Según Alfredo soy un asesino en serie por inducir a la gente a venir a esta marcha y como ya se sabe, el asesino siempre vuelve al lugar del crimen.  :o)

Saludos eléctricos.

(Crónica publicada en su momento en la Ciclolista)

sábado, 24 de junio de 2000

Quebrantahuesos 2000


¡¡¡¡ Una QH al zurrón !!!!

En una cena de navidad, en un momento en el que la gente empezó a decir cuáles eran sus ilusiones e intenciones para el año venidero, a mí no se me ocurrió otra cosa que pensar en la Quebrantahuesos, y entonces cuando me tocó a mí dije: "Yo este año quiero hacer la marcha Quebrantahuesos". Claro, lo que me tocó a continuación fue explicar que era eso de los "...huesos".

A partir de ese momento, asumí una responsabilidad y así empecé un autoprograma de preparación que incluía primero carrera continua combinándola con bici de montaña y más adelante sería momento de estrenarme con alguna marcha y así hasta alcanzar la fecha cumbre del 17 de Junio....

En la salida estaba nervioso. Había mucha gente, se respiraba inquietud. Cuando sonó el chupinazo lo primero que pensé es "qué locura esta de recorrer más de 200 kms" pero el caso es que si no querías ser atropellado había que estar listo, no quedarte pensando en las musarañas y apretar de lo lindo.

Llegamos a Jaca en un momento ya que íbamos a una velocidad tremenda. Yo veía una velocidad media en mi reloj que nunca había visto, ¡ más de 38 Km/h !

Con un poco de miedo metido en el cuerpo después de comprobar la velocidad me propuse hacer la subida a Somport suave con el fin de quemar las fuerzas mínimas. Pensaba en lo que quedaba por delante y esto me hacía frenar mis ímpetus. Además, como no encontraba a nadie conocido, me "obligaba" a disfrutar del paisaje. De esta manera se me hacía más amena la marcha. En esta subida hay unos paisajes preciosos que, creo yo, muchos no acaban de saborearlos en su justa medida.

En el avituallamiento me paro y estoy un ratito comiendo y bebiendo. Me quedo observando cómo se forman mogollones y como la gente va en general un poco estresada. No digo nada, a mí también me pasa. Es contagioso. En el fondo de casi todos nosotros se encuentra un competidor (en muchos casos de uno mismo).

La bajada me gustó. Creo que a esa hora había una temperatura ideal y el hecho de avanzar kilómetros sin esfuerzo me agradaba. Al mismo tiempo iba repasando lo que quedaba de etapa.

Así llegamos al famoso cruce a la derecha que conducía a la Marie Blanque.  Las piernas las llevaba perfectas, no notaba cansancio alguno. Por más que buscaba alguna cara conocida no veía a nadie. Por otra parte pensaba que de esa manera no estaba sujeto a disciplina alguna e iba a mi aire.

La primera parte del puerto es muy bonita y fresca. La carretera discurre por el cauce de un río y el paisaje es idílico. Luego cambian los porcentajes y la carretera se retuerce hacía arriba con una sucesión de curvas en las que no existe descanso alguno por mucho que tu mente quiera imaginar en cada vuelta un trozo planito.

En la parte dura me coloqué el 30x23 y con un ritmo vivo me mantenía bien pero sin forzar la maquinaria. Yo, como muchos de nosotros, me recordaba a cada momento las palabras de Ramón. "Si fuerzas en la Marie Blanque, el Portalet es tu tumba". Y así seguía subiendo. Me sorprendía la cantidad de gente que subía andando. Yo subía sobre mi flaca como un machote... pero con plato de mariquita.

Que duros se hacen los kilómetros con esos porcentajes. Más duros todavía cuando desconoces el terreno. El caso es que al final llegue arriba y estaba extenuado.  Parece que veía a Ramón otra vez con el índice levantado diciendo "Si fuerzas en la Marie Blanque, el Portalet es tu tumba". También recordé a Enrique Velo cuando comentaba que tenía ganas de un baile con la Marie Blanque. Ya lo sabes, es el chotis el que se baila con ella: agarrrrrrado.

En el avituallamiento sólido otro paisaje precioso y parada. He de decir que paré en todos los puntos de avituallamiento, tanto líquidos como sólidos. Sigo sin encontrarme a nadie y ya empiezo a estar mosqueado. "Van todos por delante, seguro".

Con un ritmo tranquilo llegamos al otro famoso cruce. El Aubisque, me suena de las tardes del Tour. El Portalet, 29 Km, me suena a película de suspense. Cómo voy a digerir esta pasada de kilómetros hacia arriba. En fin, me armo de paciencia, me adelantan unos cuantos pero otra frase "el que empieza como un viejo...." Al grupo que me adelantó lo alcanzo al cabo de pocos kilómetros y al final se va desgranando y nos quedamos unos poquitos. Después de las sombras llegan las solanas y se ve la carretera como discurre hacía lo lejos... y hacia arriba claro.

Alcanzo el avituallamiento líquido a falta de pocos kilómetros de coronar y aquí me encuentro al primer conocido, mi amigo Ronald que tiene problemas de estómago. Igual que le ocurrió en Requena. Estoy con él un ratito y me marcho porque no quiero enfriarme (no reíros eh?) y tengo ya unas ganas de llegar arriba que no lo sabe nadie.

Para coronar tengo además una motivación especial: mi mujer, Ana, debe estar esperándome. Por más que miro no la encuentro. Siento un poco de decepción y hago los últimos quinientos metros con un cambio de ritmo importante que hace que avance unas diez o quince posiciones. Me lanzó a tumba abierta y llego al siguiente avitualla. donde ahora sí encuentro a Ana. Es una satisfacción muy grande, es la primera vez que "van a verme". Paro un rato y ahora sí, llegan Faco, Fernando y Juan Pablo de Cáceres. Que locura, después de tantos kilómetros sin nadie a la vista y ahora de golpe un pelotón completo. Nos hacemos una foto de combate y nos vamos juntos.

Bajada potente y gustosa. Yo me he recuperado bastante bien del castigo del Portalet pero el desvío de la Hoz no hace gracia a nadie y a mí tampoco. El caso es que voy subiendo bastante bien pero de pronto me alcanza Faco y me sobrepasa. No puede ser, le cojo rueda y me voy detrás de él. Cuando cambia de plato a falta de pocos metros empieza a maldecir, ha fallado el cambio. Lo sigo y en el alto nos ofrecen un vaso de agua. Está feo rechazarlo, Faco también lo acepta. Tris, tras, Faco ha desaparecido. Me lanzó, lo alcanzo con la vista. Va en un grupo de unas seis unidades. La carretera es muy cerrada y no me fío de las curvas. El caso es que cuando alcanzo al grupo, Faco ya no está.

El resto del recorrido es la bajada a Sabiñánigo. Bajada de potencia pura. Nos juntamos un grupo en el que sólo tiran Fernando Silió, otro (el de la Once "doiche bank") y yo. No hay manera de que nadie más pase el relevo. . Luego, faltando un kilómetro todos parecían titanes. Llegué el primero a Sabi pegando un tirón final pero el guardia me decía que la meta estaba en un último "monte del calvario".  Aquí ya no tenía ganas de forzar la musculatura más y desistí del sprint.

La QH es una experiencia maravillosa y no me arrepiento de los muchos momentos de sacrificio que he hecho para poder llegar en condiciones de terminar. El día resultó muy caluroso y fue doblemente difícil para todos.

A aquellos que no pudieron terminar me gustaría decirles que se den cuenta de lo mucho que han aprendido en este día. Se aprende mucho más de las derrotas que de los éxitos. Y también les felicito por saber tomar la decisión de la retirada a tiempo. No es fácil.

Muchas gracias a todos los que nos habéis dado ánimos y luego felicitaciones.

...Y Felicidades al nuevo casado José Ramón Barrero que de luna de miel se subió al Marie Blanque.

sábado, 20 de mayo de 2000

Sierras de Moratalla 2000

Mi primera Marcha Cicloturista


Este es el relato de mi primera marcha cicloturista, Moratalla’00. Bonito sitio para bautizarme. A las 6:00 del Sábado tocó darse el madrugón. El cielo en Murcia estaba despejado pero llegando a Moratalla fue torciendose hasta quedar todo cubierto.

En la salida coincidí con Joserra y Juanma, mis compañeros de club puesto que yo me inscribí como "Ciclistas en la Red", club ciclista virtual creado en torno a la todavía muy incipiente y tierna red Internet.

Hablando sin referencias, pienso que la organización estuvo muy bien, los avituallamientos correctos y bastantes (yo paré en todos), las curvas peligrosas indicadas con banderolas rojas, tres ambulancias (alguna creo que tuvo que trabajar desgraciadamente), asistencia técnica (a Juanma tras una avería en su rueda trasera le reemplazó Antonio Larcia (dueño de mi tienda habitual de Murcia) la rueda en menos de 30 segundos con posterior empujón para tomar velocidad), indicación de distancia a los puertos, etc... Los "peros" fueron los menos: para muchos como yo el agua caliente de las duchas fue una ilusión que no se concretó y el otro pero fue que los diplomas salieron demasiado tarde.

En la salida, 540 participantes escuchabamos las palabras de ánimo de Antonio Alix, el homenajeado por la organización antes de dar la salida sobre las 9:30. Un cañonazo y un estridente claqueteo de las calas sirvió para que enfilaramos de entrada 12 Kms del primer puerto del día, Alto de los Alamos. Con ritmo tranquilo la gente fue cogiendo posiciones. Yo subía con Joserra y con Juanma que, dando tironcillos nos quería animar a tirar hacia adelante pero nosotros ni caso. Quedaba muuucho por delante y el primer puerto debía ser un calentamiento más que un calentón.

El tiempo hasta entonces era ideal, un ligero fresquito y nada de viento. Una vez ascendido el segundo puerto (muy suave) del día llegaba la zona más "estable" del recorrido. Aquí formamos un grupo de unas 20 unidades en el que se rodaba muy bien. Después del avituallamiento, en el que cargó comida (por dentro y por fuera) el grupo va deshaciéndose. La subida a Nerpio la hago cómodo, siempre a mi ritmo que resulta ser el de los demás acompañantes. Continuamente voy mentalizándome de que llegará el Puerto de Benizar a darme un mazazo y me reprimo a la hora de acelerar la marcha.

A pesar de que había estudiado el recorrido, el Alto de Yetas me sorprende, no lo había catalogado bien. Aquí empiezo a sufrir el llevar un desarrollo no apto para mi condición física en determinados puertos. Aún así, enlazo bajando con el grupo de Juanma y Joserra aunque a estas alturas el inquieto Juanma ya no puede reprimirse más y nos abandona definitivamente. A partir de aquí, nos quedamos Joserra y yo pedaleando tranquilamente con un terreno que aunque picado tiende hacía abajo. Aprovechamos para hablar un poco de nuestras cosas y así llegamos a Letur.

En Letur, con un centenar de kilómetros ya en las piernas, empieza a llover. Al coronar el n-simo puerto nos ponemos los chubasqueros que ya no nos quitaremos. Es lluvia fina pero continua que provoca que unido a la temperatura que baja por momentos las manos se queden como carámbanos (y los pies también).

Total, que estamos ya en Socovos y ahora empieza lo divertido. En el avituallamiento paró y decido que debo comer bastante. Pico plátano, manzana, dulces y cargo avellanas y orejones de albaricoque. Joserra decide que prefiere seguir y lo pierdo de vista. Al arrancar siento una pereza tremenda de seguir pedaleando teniendo en cuenta los kilómetros realizados ya (120), el tiempo de perros que hace y la subida que me espera.

Oootra vez a la bici y "parriba". Llego al pueblo de Benizar y no me anima ni la  gente. Estoy mustio. Sigo hacía arriba y llego a un muro de no más de 50 metros pero muy duro. ¿Qué pasa?  No avanzo, a malas penas consigo dar pedaladas, la respiración bien pero las piernas no responden. Un chaval me dice que si me empuja y le digo que no lo dude. Una sensación de alivio se convierte de repente en otra contraria. Miro hacia atrás porque tengo la sensación de que el mismo chaval que me empujó ahora me agarra hacia abajo. No, no está, ¿He pinchado? No, tampoco. Nada, me pongo de pie y empiezo a tirar de brazos (Ahora me duelen más los brazos que las piernas) Superado el muro me estabilizó y consigo establecer un ritmo.  Varios me pasan pero veo uno por delante que va más despacio que yo. Esto me da fuerzas de no se donde y sigo. Veo a gente que sube remolcada y más fuerzas que me llegan del ego.... Llego por fin arriba.

Joserra ha sufrido también una crisis subiendo Benizar y lo he alcanzado. Nos dejamos caer como hojas de otoño, pura gravedad. Poco a poco parece que voy cogiendo tono. Como sopla un poco de viento ahora, me coloco delante para tirar un poco. Al cabo de un poco me doy cuenta que voy solo. Miro a mi alrededor en el valle del Campo de S.Juan y todos vamos de supervivientes, solos. La lluvia ha hecho daño. El terreno también, en ningún momento da ritmo, es un continuo subebaja.

Para mi sorpresa, me voy recuperando y me uno a dos ciclistas (Kelme y Soc.Vitoriana) con los que llegamos a un buen entendimiento y vamos superando gente. Joer, que acabo llevandome los puntos de los dos puertos que quedaban y más contento y feliz que una pita me dejo caer en los 12 Kms últimos que eran de bajada, peligrosa eso si.

En la meta, puesto 333 para hacer 168 Kms en 7:28 (A mí me salieron 175Kms en un tiempo de pedaleo de 7:08) lo que me hace tener una sonrisa de oreja a oreja.

Me quito el sombrero para Juanma y Joserra que marchan hacía Málaga (400Kms) para hacer la Eduardo Chozas. Yo soy un feliz hombrecillo, ellos son hombres.

En la próxima marcha (Requena) espero tener ya mi Zeus nueva con trrriple plato y poder defenderme mejor en los fuertes desniveles. Lo único es que dejaré de ser la nostalgía del ciclismo de antes con mis calapies y mis manetas de cambio en el cuadro.

Un saludo feliz.

(Crónica publicada en su momento en la Ciclolista)